Es absolutamente habitual que cada cuatrienio (independientemente de la conformación de fuerzas políticas) la Asamblea Legislativa inicie su gestión con ánimos de concordia y expresiones de cortesía parlamentaria de buena fe.
Por eso la aprobación unánime o abrumadoramente mayoritaria de las primeras iniciativas que venían del Congreso anterior (tren eléctrico, ciudad puerto y alianzas público privadas) eran esperables.
Pero, claro, parece difícil sustraer a una porción gubernamental de 31 legisladores de la tentación de la archi conocida sentencia: “para eso tenemos la mayoría”
Así es como el ambiente se ha enturbiado demasiado rápido, con el poder real expresado en la lápida puesta sobre el horrendo expediente del deplorablemente célebre Fabricio Alvarado y el manejo de la conformación de las comisiones legislativas a contrapelo de las credenciales presentadas por las bancadas para esas integraciones.
Repasamos el arranque del Congreso con el especialista Daniel Calvo.


