Cuando tuvimos esta conversación con el internacionalista Carlos Murillo -el martes por la mañana- desconocíamos el desenlace del “último ultimátum” de Donald Trump.
Pero sí sabíamos que la amenaza sistémica para la economía global, tanto como las condiciones de miedo e incertidumbre de todos los entornos (no hablamos de geografías, sino de millones de seres humanos como nosotros mismos) empujaban, junto con la diplomacia internacional, a lograr un acuerdo -al menos temporal- para detener la deriva de la improvisación estratégica por la que discurre la última guerra en la candente región de Oriente Medio.
Seguimos pues en un punto en el que aún Israel, Estados Unidos e Irán tienen capacidad para seguir guerreando. Sabemos, sin embargo, que tanto a Washington como a Teherán les conviene imperiosamente un acuerdo que prolongue el cese de hostilidades más allá de dos semanas.


